Bienvenida tú,
Bala perdida, triste destino el de aquel día viernes muy de mañana en que fuiste dada a luz. Tu sino, una cruel línea recta hacia el cuello de aquel hombre de mediana edad, estatura media y raza desconocida que desplomó al suelo y con él se fue tu libertad. Condenada a silbar por siempre de vida en vida, de puño a quemarropa, de rodillas a la nuca, de vida en vida;