De una expansión mecánica como otra cualquiera surgí despierto; nací sin importarme que crímenes se hubieran producido aquel martes a la mañana. La fabrica no es un buen sitio para gente que quiere hacer mundo, sabes, así que después de fichar mi salida en las estadísticas de producción energética, salí sin rumbo programado discurriendo por las avenidas de vuestra esperanza de vida, entre otros tantos millones de buenos compañeros, valiosos, geniales, únicos a pesar de vuestra complaciente manera de medir las cosas mediante propiedades universales.
La primera noche la recuerdo en las calles húmedas cruzando el cinturón peri-urbano, haciendo cola junto a un calefactor en las puertas de la estación, no hubo suerte y hube de seguir peleando, por las carreteras donde muchos de los míos tomaban, sin saberlo, salidas no escapatorias, hasta que, sin pretenderlo, me encontré rodeando las paredes de tu casa, confortable , cálida; dudé si agasajarte con calor, con fragor o con luminosidad. Finalmente la naturaleza me atrajo hacia las cuchillas de tu depiladora eléctrica, fui el causante de sesgar el cuadrigentésimo noveno vello salido tímidamente de un poro capilar de tus , ahora , suaves piernas. Allí en tus piernas, finalmente muerto.